
Lee, vive, sueña, solo por amarasleer.com
Reflexiones cortas sobre la vida amarasleer.com
Chris era u niño de grandes ojos marrones, alegre, vivaz y muy inquieto. Le encantaba bañarse bajo la lluvia, cazar mariposas, montar bici y correr por la ladera con sus amiguitos. Pero lo que más caracterizaba a Chris era su hermosa sonrisa y un gran amor por su mamá. Y es que Chris, estaba enamorado de su mami. Para él, su mamá era su sol, y él se movía en torno a ella.
Chris le quería hacer un regalo a su sol. Por eso un día, sacó el dinerito que tenía ahorrado en su caja de ahorros y le dijo a su tía que lo acompañara al mercado, a comprar algo que le pudiera gustar a su mamá. Chris pensó: “ya sé, a mami le gustan mucho las peras, le compraré algunas”. Así que con la ayuda de su tía, Chris compró tres de las peras que se veían más grandes, más jugosas y más hermosas. También, compró una cajita pequeña que tenía un lazo de un vibrante color azul, y contento y satisfecho, caminó de la mano de su tía de regreso a casa.
Pero mientras se acercaban, el corazón de Chris empezó a inquietarse por otro asunto: “¿cuál de las tres peras era la más dulce? Quiero darle el mejor a mamá”. De manera que al llegar a casa, no sabía cuál de las tres peras poner en la caja. Estuvo un buen rato indeciso pensando en una solución, hasta que se le ocurrió una genial idea.
A lo lejos, su mamá y su tía observaban a escondidas lo que Chris estaba haciendo. Vieron como él tomó la primera pera, mordió un pedazo de ella, la masticó y la tragó. Luego, tomó la segunda pera, la mordió, y luego hizo lo mismo con la última pera. Finalmente, tomó la segunda pera y la puso en la cajita.
Mientras la mamá y la tía se preguntaban qué significaba todo eso, Chris se acercó muy contento a su mamá y le extendió la caja. Ella, al abrirlo, se dio cuenta que dentro estaba una hermosa pera, pero, estaba mordida. La mamá estaba a punto de regañar a Chris. Quería explicarle que no se puede dar como regalo algo ya usado, mordido o incompleto, pero las tiernas palabras de Chris silenciaron sus palabras:
—Mami, quería regalarte tu fruta favorita, por eso te compré peras, pues sé que te gustan mucho. Pero quería darte la pera más dulce, entonces tuve que comprobar cada una. Fue un gran trabajo; ésta es la más dulce de todas. El mejor regalo para ti.
Cuando la mamá de Chris escuchó esas palabras, se le llenaron los ojos de lágrimas, se agachó y en un efusivo abrazo le dijo a su hijo:
—No necesito más regalos, pues el mejor regalo eres tú.
Y ese día, la mamá de Chris comprendió que nunca debemos cuestionar los motivos de los demás, aunque sus acciones nos parezcan (según nuestra óptica) evidentes.
Eidly Liz
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