
(Novelas Románticas adictivas por amarasleer.com)
Capítulo XV: Sentimientos a fuego lento
Todo transcurrió con total normalidad. Flavio y Laly iban juntos de la mano saludando a algunos de los invitados. Luego, posaron para la sesión de fotografías. Bailaron juntos la canción seleccionada para ellos y otras canciones. En todo ese momento se podía decir que Flavio estaba… ¿feliz? Lo cierto es que él mismo no se sentía incómodo en su nuevo rol, aun cuando días atrás había imaginado que se le haría difícil. La realidad no había resultado nada igual a sus temores.
Finalmente llegó el momento de picar la torta y todos los presentes pidieron un beso. Anteriormente Flavio le había dado un beso a Laly en la ceremonia, pero todos gritaron que aquel beso no era válido, que había sido un beso de niños. Siendo el centro de todas las miradas Flavio volteó hacia Laly mientras le pasaba una mano por la cintura y con la otra le tomó la barbilla.
Aquel roce hizo sentir a Laly como si se quemaba y al mismo tiempo como si le electrizara la piel. Para ella, la mano de Flavio tenía electricidad y le provocaba pequeñas descargas en toda su piel, y esos ojos de color azul profundo se clavaron tanto en su alma que su corazón empezó a latir con una intensidad tan desbocada que la había dejado sin fuerzas mientras en su cabeza estallaba fuegos artificiales y en su estómago, revoltosas mariposas aleteando. Podría no ser así, pero Laly lo sentía de esa manera.
En ese momento, Laly quería que su amiga Lía saliera en su auxilio, pero no. O que ella misma se le ocurriera algo para recobrar la compostura… pero sencillamente estaba bloqueada. Todos los miembros de su cuerpo estaban paralizados y su mente totalmente concentrados en la cabeza que iba inclinándose hacia ella y en la mano fuerte que le apretaba la cintura y esos ojos que…
Por otra parte, mientras Flavio la miraba recordó cómo aquellos ojos marrones, lo habían embelesado anteriormente aquella tarde que estuvieron en la cueva, para descubrir que esos mismo ojos lo seguían cautivando. Volvió a percibir ese brillo en sus ojos y le parecieron los ojos más hermosos que podían existir. Todo ese proceso había durado unos breves segundos, pero para ellos dos parecía una eternidad, como si el tiempo se hubiera detenido. Es más, llegó el momento en que los dos no vieron ni escucharon a nadie alrededor; sintieron que estaban solos en aquella enorme sala y todo ese espacio estaba vacío solo para los dos.
Laly abrió la boca para decirle que le diera un beso de piquito, pero Flavio aprovechó y se apoderó de sus labios. Laly simplemente cerró los ojos, como drogada por el efecto del beso, mientras en su cabeza escuchaba explosivos cohetones. A ella nunca la habían besado y allí estaba su amor de la adolescencia, su hermoso príncipe quién ahora era su esposo, besándola. Fue un beso intenso en el que hubo un intercambio de sentimientos puros y sinceros, y de alguna manera los dos lo estaban descubriendo.
Es como si sus sentimientos, cual manjar exquisito, estuviera en un proceso de cocción. Sus sentimientos requería tiempo y cuidado para desarrollarse plenamente, pero en definitiva se estaba dando, detrás de la amenaza latente que la fuerza de la pasión podía avivar las llamas y subir el calor de la cocción.
Los aplausos de los presentes intensificaron la emoción del momento, sobre todo en Lorenzo, quien deseaba con ilusión que la unión de Flavio y Laly, fuese para siempre; lo deseaba de todo corazón.
Los presentes seguían aplaudiendo y fueron tan efusivos, que poco a poco hicieron que Flavio y Laly volvieran a la realidad. Cuando por fin se separaron, Laly estaba roja como un tomate y con tanta vergüenza que quería desaparecer. Contrario a Flavio, que estaba plenamente satisfecho con lo que acababa de pasar.
—Vamos Laly, pareces un avestruz, tenemos que picar la torta
Hasta ese momento, Ámber había mantenido la calma, pero era solo en apariencia: toda esa serenidad era a costa de sus pobres dientes. Rechinaba los dientes con las mandíbulas apretadas y los puños cerrados. En ese momento, una mujer se le acercó y le dijo:
—Bonita fiesta, bonita escena
Ámber lanzó un bufido, pues sabía de quién provenía esa voz y el matiz de sarcasmo que impregnaba aquellas palabras.
—No olvides lo que hablamos. Recuerda que nos debes mucho a mi familia y a mí. Y te coloqué en la casa de Flavio para que trabajaras para él, pero principalmente para mí
—Lo sé señorita. Estoy al tanto de lo que debo hacer. Flavio también me explicó lo que espera de mí y el trato que debo darle a la señora Laly
—Tus deberes con Flavio es muy aparte de los míos. Más que para Flavio, trabajas para mí, no te equivoques
—Lo entiendo perfectamente
—Bien entonces. Espera mis instrucciones
—Sí señorita, como ordene…
Y una insidiosa luz salió de su mirada; tras su apariencia de inocuidad, unos fines perversos se estaban gestando.
Eidly Liz
NOTA:
- En las próximas horas capítulos extras. ¡No te lo pierdas!
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