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Capítulo IV: Una Repentina Propuesta
Flavio siempre utilizaba el distanciamiento emocional como una medida de defensa, como armadura impenetrable para cada una de las luchas que había librado en su vida. Pero, en ese preciso momento, el tamborileo de sus dedos sobre el escritorio indicaba que no tenía el pleno control de sí mismo, control al que se había acostumbrado en los últimos años. Y es que regresar a San Marino después de 17 largos años, significaba un ejercicio emocional extenuante. Ese primer contacto, tras varios años de ausencia, desencadenó una serie de emociones y sentimientos que se habían mantenido ocultos por mucho, mucho tiempo.
Todo aquí era muy diferente a las bulliciosas ciudades de Estados Unidos. Caminar por las calles de piedras de San Marino, observar sus castillos y percibir la serenidad abrumadora del ambiente, era como dar un salto al pasado, como transportarse de repente a la Edad Media. Flavio no sabía exactamente si esa sensación de pasado es lo que lo estaba afectando, pero minutos antes, mientras se dirigía a la oficina de su abuelo, su mente lo había transportado a un momento de su vida que creía haber perdido; un flashback mental lo hizo estremecerse de pies a cabeza. (Novelas Románticas gratis amarasleer.com)
—Papá mira –dijo apuntando hacia un puesto de revistas- ¿me vas a comprar mi revista de cómic favorita? ¡Anda papi por favor!
—Está bien Flavio –dijo Adriano con una amplia sonrisa- tu madre dice que te consiento mucho, pero… -alzando los hombros- ¿qué le vamos a hacer? eres mi único hijo y además te portas bien y no tengo quejas de ti.
—¿Cuándo vamos a visitar a la familia Ceccoli?
Adriano se paró frente al puesto de revistas y mirando a su hijo de forma pícara le preguntó: ¿por qué te interesa tanto que visitemos a los Ceccoli? ¿Qué intereses tienes allí?
Flavio se puso un tanto nervioso y hosco ante la pregunta, mientras la mirada de su padre se tornaba cada vez más burlón.
—¡Ay hijo mío! Tienes tan sólo 14 años y ya hay una personita que te robó el corazón. ¡Eres tan enamorado como tu padre! Quizás vayamos este fin de semana, ¿te parece si le compramos un obsequio?
Y la sonrisa de Flavio no se hizo esperar…
Fin del flashback
— “¿Qué es este recuerdo? –Flavio se preguntó mientras llevaba la mano al pecho- Esa sensación es incómoda. No me gusta sentirme así, no, no quiero recordar, así que Flavio recupera la compostura”. Dicho esto, se dirigió al edificio donde estaba la oficina de su abuelo.
Minutos después, estaba sentado en la oficina de Gian Marco, esperando a que llegara. Estaba tenso, molesto, contrariado, en fin… ni él mismo podía definir con un calificativo lo que sentía. Solo estaba allí porque no le quedaba de otra y quería terminar con todo eso lo antes posible. Quería escuchar la propuesta de su abuelo, exponer la suya y finiquitar ese pendiente; eso es lo que haría. Recordó la conversación que había tenido con Amber días previos. Primero viajaron juntos de Estados Unidos a Italia y se quedó unos días en la casa de los abuelos de Amber. Luego se vino solo a San Marino. (Novelas Románticas gratis amarasleer.com)
Amber era compañera de trabajo, amiga y socia, y llevaban casi un año saliendo, pero sin ningún compromiso formal. Y es que Flavio jamás se permitía ese grado de deber con ninguna mujer, ni con las anteriores ni con Amber. El único punto a favor de Amber es que con ella llevaba más tiempo saliendo.
Por su lado, Amber Messina (de ascendencia italiana) era una mujer de gran belleza e inteligencia, era audaz y al igual que él, no tenía sentido de compromiso, o al menos eso aparentaba. Sin embargo, Flavio desconocía la otra cara de la moneda. Desde que ella conoció a Flavio en la editorial de su padre, quedó prendada de él por sus tantas capas de encanto que le hacían interesante pero al mismo tiempo impenetrable.
Desde el momento que vio esos ojos azules oscuros insondables, hizo todo lo posible por conquistarlo, bueno, hasta cierto grado, pues parecía que no había nacido la mujer a la cual Flavio Stefanelli le entregaría su corazón. Pero eso era justamente lo que lo hacía tan interesante para ella, pues él era de difícil acceso. También admiraba su buen liderazgo en la gerencia de la editorial y al hecho de que había llegado a la posición que estaba gracias a su arduo trabajo y esfuerzo.
—Así que tu abuelo que no contactas desde hace 17 años, te dijo que viajaras a San Marino para discutir lo de tu herencia.
—Sí, ya hizo el testamento y prefiere leerlo en presencia de los dos herederos antes de morir. No desea malentendidos entre nosotros después de su muerte.
—¿Cuáles dos?
—Mi… , bueno, el que dicen que es mi hermano y yo
—¿Hermano? ¿Tienes un hermano? ¡Flavio eres realmente sorprendente! ¡Pronto cumpliremos un año de estar juntos y no sabía que tenías un hermano!
—¿Y eso acaso importa?
—¿Qué si acaso importa? ¡Claro que sí importa! ¡Eso es lo que hacen las parejas! Saber cosas el uno del otro. Por ejemplo, tú sabes todo de mí: origen, familia, que soy hija única, lugares que me gustan, mis gustos musicales, mis comidas favoritas, y…
—¿Y qué hay con eso? Nunca te pedí toda esa información. Además, toda lo que dices es irrelevante, pues no conozco tus verdaderos sentimientos, ni motivos.
—¡Porque nunca te ha interesado saberlos! Siento que si tratara de compartirlos huirías de mí como si tuviera una enfermedad contagiosa.
—Exactamente, por eso nunca lo hagas, es lo que podría suceder. Hasta los momentos está bien como van las cosas y por eso hemos durado: no me inmiscuyo en tu vida personal ni tú en la mía.
Amber le lanzó una mirada de reproche a Flavio. Con Flavio debía haber llegado al top de su capacidad de asombro, pero no, Flavio superaba su propio récord. En ese momento entendió que fuese lo que fuese, el mecanismo que hacía bombear la sangre de Flavio no era precisamente un corazón. Menos mal que ella misma se consideraba una mujer poco sentimental y mucho más práctica.
—Bien entonces, tu abuelo necesita que vayas a San Marino para leer su testamento y repartir la herencia entre tu hermano y tú.
—No es tan sencillo, hay más envuelto. Los Stefanelli tenemos una constructora en asociación con las familias Zanotti y Mancini, además de estar en sociedad en la producción de vinos y quesos. Al parecer, los fundadores no están en los altos cargos de la empresa, esos puestos están siendo atendidos por sus hijos, pero a falta de mi padre, mi abuelo ha ejercido la presidencia durante años y desea ceder el puesto, desea dejarme a cargo, es una de las condiciones para recibir la herencia.
—¿Y qué le has dicho?
—En realidad no me atrae la idea, pero es un requisito que debo cumplir. Le dije que lo pensaría, aunque pretendo negociar.
—Tú eres muy bueno negociando. Puedes llegar a un acuerdo satisfactorio para ambos.
—Pero también el abuelo quiere que viva en San Marino al menos un año, lo que implicaría quizás dejar la editorial. Y todavía hay otro requisito, y quizás, sea el más difícil.
—¿Cuál otro requisito?
—Casarme
—¿Bromeas?
—No, hablo en serio. Mi familia y las familias asociadas son familias muy tradicionales. Para ellos, un hombre de mi edad que no tenga esposa ni familia no tiene credibilidad. Ellos consideran que la manera como un hombre maneja su hogar así manejará una empresa.
—¡Qué absurdo! ¿Y tus estudios no valen? ¿Y tu vasta experiencia?
—Eso no es lo primero que evalúan; te acabo de decir, sus valores y principios son muy tradicionales, por no decir retrógradas. No tengo suficiente credibilidad para ellos por no estar casado. También piensan que un hombre exitoso, debe tener a su esposa al lado para apoyarlo.
—¿Y qué piensas hacer?
—Casarme contigo
Amber lo miró con asombro; no daba crédito a lo que acababa de escuchar.
—¿Cómo dices? ¿A qué se debe ese repentino arrebato sentimental?
—No se trata de sentimientos Amber. Solo pienso que lo nuestro podría ser una asociación muy conveniente. Nos casamos, viajamos a San Marino, podría soportar estar en la presidencia por un tiempo específico, recibo mi herencia y con eso tendría fondos suficientes para montar mi propia firma editorial. ¿Qué me dices?
—No creo poder aceptar. Me gusta más la vida de Chicago, la vida en la ciudad. Para mí esos lugares son para vacacionar, no para vivir, no podría estar allí por mucho tiempo. Además, tengo mis propios proyectos, mi trabajo y me gusta mi libertad. No me veo desempeñando un papel tan simple como la esposa de Flavio Stefanelli. Y hace rato lo dijiste: hemos durado tanto tiempo porque nos hemos respetado nuestros espacios. Además… ¿tú me amas?
—¿Amor?
—Nunca has pensado en ello ¿verdad?
—No hablemos de amor. Lo nuestro es sólo cuestión de probar cómo nos va. Con el matrimonio consigo lo que deseo y si no funciona estar casados, nos separamos, pero por supuesto tú no saldrías con las manos vacías.
—Flavio tú no soportas crear vínculos afectivos
—Y no tendríamos que hacerlo. Sería solo para cumplir ese absurdo requisito y salvar las apariencias. Estaremos juntos para apariciones públicas pero en privado cada quién en lo suyo. De todas maneras no nos llevamos mal y sabemos divertirnos juntos. Pensé que como somos amigos, si tengo que ser forzado a casarme es mejor hacerlo contigo, ¿no te parece?
—Flavio tú abordas el tema del amor y el matrimonio con la misma sensibilidad romántica de una transacción comercial… ¡increíble, no lo puedo creer!
—Solo soy un hombre práctico
—No; no viajaré contigo a San Marino, me quedaré unos días con mis abuelos aquí en Italia por si me necesitas. Negocia con tu abuelo, trata de llegar a un acuerdo con él que no implique el matrimonio y después me dices los resultados. Si no queda de otra, pues, lo pensaré… pero sólo pensarlo; no prometo nada, porque en realidad, casarme con alguien que no cree en el amor…
-¿Y tú, crees en el amor Amber?
Eidly Liz
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